Siempre es bueno evadirse porque siempre podemos experimentar en nosotros mismos
con ideas surrealistas, donde aquello que en su justa medida sea verdad será para nosotros
un sentimiento dulce y amargo.
El problema viene cuando todo lo que queremos vive en nuestra surrealidad y no en nuestro día a día,
como aquello insuperable y difícil de llegar.